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En busca de la motivación perdida

Después de una temporada intensa de entrenamientos y competiciones con todo lo que ello conlleva, cuesta reencontrarse nuevamente con la motivación necesaria para emprender nuevos retos.

Al finalizar todo período competitivo y antes de empezar el siguiente, existe un tiempo intermedio de gran valor en cuanto al establecimiento de objetivos y su correspondiente planificación. Es el momento de reflexionar sobre la temporada pasada, valorar qué hemos conseguido a todos los niveles, no sólo en cuanto a resultados, ya que estos no reflejan siempre todo el esfuerzo, sacrificio y horas invertidas.

Puede que después de este esfuerzo cueste encontrar de nuevo la motivación para seguir y mantener nuestra ilusión por aquello que hacemos. En este artículo encontrarás una serie de pistas para volver: a la esencia de lo que te motiva, a disfrutar al máximo de tus entrenamientos y a plantearte nuevos retos deportivos.

¿Qué es la motivación?

La motivación es el motor que enfoca nuestro esfuerzo hacia una determinada actividad, hacia un determinado objetivo. Sin la motivación necesaria cualquier meta carece de sentido. Necesitamos una dosis adecuada de ésta para conseguir cualquier cosa que nos propongamos, tanto en la vida como en el deporte.

La motivación es una variable psicológica de índole dinámica que oscila por diferentes motivos. Es decir, no es estática y varía en función de cada persona, situación o periodo. No a todos nos motiva lo mismo ni de la misma forma. Por ello, es importante buscar la esencia de nuestra motivación ya que esta será la luz que ilumine nuestro día a día, acompañándonos en nuestros entrenamientos en los momentos buenos pero, sobre todo nos ayudará a no decaer en los malos.

Busca la esencia de tu motivación

¿Qué te motiva a hacer deporte? ¿Qué te motiva a entrenar día a día, independientemente del día que sea y del tiempo que haga? Y ¿Qué obtienes en tu vida, por ello?

Las respuestas a estas preguntas conforman la esencia de lo que te empuja a entrenar día a día, a marcarte objetivos, a superar adversidades y, finalmente, a seguir practicando deporte. Conocer nuestras motivaciones nos llevará a conocernos mejor como personas.

En las motivaciones personales, para mantener una determinada actividad deportiva podemos encontrar diferentes justificaciones: i) desde la superación personal, ii) al de mantener un estilo de vida saludable, iii) al pertenecer a un determinado colectivo con lo que esto conlleva (refuerzo positivo, entorno social, etc.), iv) al tener un espacio individual para el tiempo libre, v) al necesitar poner esa chispa de aventura a la vida, etc.… Podríamos concluir que existen tantas motivaciones como personas practican una determinada actividad deportiva.

Generalmente, las personas practican deporte por más de una razón. ¿Tienes claras las tuyas? Piénsalas. En momentos dónde tu motivación esté comprometida te ayudará a reencontrarte con el por qué haces lo que haces, porque a pesar del sufrimiento salir a entrenar te hace feliz y alimenta tu bienestar personal.

Cuida tu motivación

Así como para que una relación perdure en el tiempo y venza las adversidades de la vida, es recomendable también cuidar nuestra motivación hacia el deporte. Veamos unas recomendaciones para hacer buen cuidado de ella:

Ajusta tus expectativas a tus condiciones personales

Sé realista en todo lo que te propongas, ten en cuenta qué tiempo y espacio puedes dedicar a realizar tus salidas o entrenamientos. Sé coherente, no es lo mismo estar soltero que tener pareja, trabajar cinco horas al día que nueve, ni tener hijos o no tenerlos. Se trata de conciliar unos espacios con otros y que estos no entren en conflicto por haber alargado más el brazo que la manga. 

Por otro lado, valora una progresión adecuada física y mental para aquello que te propongas. “Las cosas de palacio van despacio” dice el refrán, al que añadiría que aquellas cosas que obtenemos progresivamente con esfuerzo son más duraderas.

Oriéntate hacia la tarea y no únicamente hacia el resultado

Muchas veces nos marcamos los objetivos en función de resultados, de consecuencias. La orientación hacia el resultado se centra principalmente en compararse y vencer a otros.  Nos sentimos bien al ganar, no tanto cuando perdemos. Actualmente, es popular mostrar públicamente mediante las redes sociales nuestros tiempos y resultados obtenidos en las diferentes pruebas en las que participamos. Esto en ocasiones, cuando las cosas van bien, nos supone un refuerzo positivo externo, pero resulta negativo cuando no nos va tan bien.

Orientarse hacia la tarea significa compararse con uno mismo, teniendo en cuenta los parámetros propios y el progreso personal. Centrarse en lo que depende de uno y en la realidad propia será más gratificante y supondrá un refuerzo más persistente que si sólo atribuimos nuestra motivación hacia los resultados.

Es mejor poner el acento en la tarea que enfatiza las comparaciones y la superación personal en lugar de compararse con los desempeños de otros deportistas. Establécete aspectos concretos a mejorar de forma realista, concreta, difícil de conseguir pero sin superar tu capacidad.

Motivación intrínseca versus motivación extrínseca

A través de nuestros logros deportivos podemos obtener un refuerzo externo a nivel de reconocimiento social, a nivel monetario o en forma de premios. Cuando nos orientamos hacia estos, nos referimos a la motivación extrínseca, ya que esta es externa a nosotros. Cuando nos focalizamos en el disfrute de realizar una determinada actividad, en las sensaciones positivas que nos produce independientemente del resultado, hablamos de la motivación intrínseca.

Para motivarse día a día, salida a salida, entrenamiento a entrenamiento, la motivación intrínseca, aquella que es inherente a la propia actividad y que parte de uno mismo será la mejor fórmula para mantener la dosis necesaria de motivación. Por el contrario, si dependes de la motivación extrínseca estas “vendido” a los demás y a lo externo. Te volverás más dependiente.

Necesitaras constantemente ese refuerzo y cuando no lo tengas puede que pierdas las ganas de seguir esforzándote por algo que no tiene la suficiente solidez cómo para mantenerse. Valora tu progresión y tu esfuerzo, este es el secreto del éxito. Lo demás acompaña, pero puede ser efímero.
 
Recuerda que la motivación es la base de cualquier acción. Nos ayuda a dirigir el esfuerzo hacia dónde queremos ir. ¿Tienes claro a dónde quieres llegar?  Si es así, sé realista, enfócate hacia lo que depende de ti, valora tu progresión personal paso a paso y que nadie ni nada te pare. ¡Vamos!

Entrena tu mente… ¡Be Positive!

Meritxell Bellatriu

Licenciada en Psicología, Master en Psicopatología Clínica y experta universitaria en Psicología Deportiva. En la actualidad está muy centrada en la preparación mental de deportistas de resistencia para ayudarles a superar exigentes retos deportivos. La puedes encontrar en Facebook.

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