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IRONMAN: DNF por Saturación

Los retos, sean del tipo que sean, son motores vitales que deberían ayudarnos a crecer como personas. En mi caso, la práctica del triatlón y concretamente finalizar la distancia IRONMAN se convirtió en mi reto desde 2013 cuando me inscribí al IRONMAN de Frankfurt.

El 6 de Julio del 2014 después de mucho esfuerzo, muchas horas de entreno y muchos cambios en mi vida conseguí superar la distancia soñada de los 226km nadando, pedaleando y corriendo como una posesa. A pocos meses de conseguir el reto y sin apenas asimilar todo lo que había hecho y me había pasado, me inscribí de manera compulsiva y con un año de antelación al IRONMAN de Zurich 2015. Ahora mi reto ya no era hacer un IRONMAN; mi reto era ser capaz de hacer un IRONMAN al año hasta que el cuerpo y la cabeza me acompañaran.

Y dicho y hecho, el 19 de Julio del 2015 me proponía finalizar mi segundo IRONMAN. Esta vez tenía claro que la motivación iba a ser muy distinta porque ya no era un sueño que parecía imposible. Yo ya tenía mi medalla pero era muy consciente que ¡esto no era garantía de nada!

La distancia IM requiere una preparación, una concentración, un esfuerzo y perseverancia brutal. La competición es muy larga y puede pasar de todo tanto a nivel físico como mental.

Durante 10 meses he estado siguiendo un buen plan de entreno con Álvaro Rancé y sabía que físicamente estaba sobradamente preparada para hacerlo y como consecuencia de ello, llegué a la línea de salida tranquila sabiendo que había hecho bien los deberes pero cometí un gran error del que yo y solo yo soy responsable: convertir mi reto en una “obligación” y permitir que este fuera un intruso agresivo en mi vida que me estaba apartando de muchas cosas importantes y vitales para mí.

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Empezó la competición, nos tiramos al agua sin neopreno. Aunque empecé muy tranquila y bien, el recorrido se hizo largo (4.420m según mi Garmin) y en algunos momentos no sé por qué pero me agobié bastante. Salí del agua esperando cómo en otras ocasiones, que al subir a la bicicleta y ver todo el “show” me daría el “subidón” necesario para “trempar” con toda la historia del IRONMAN.

Empecé a rodar con ganas esperando que el cuerpo entrara en calor y las piernas cogieran un buen ritmo. Iban pasando los kilómetros y yo no reaccionaba. Estaba pasible a todo lo que estaba sucediendo a mí alrededor. Me daba la sensación de estar totalmente fuera de la película…Esta vez, ¡ni “los acoplados” me ponían cachonda! Aún y así yo seguía sumando kms, esperando el milagro que no llegó.

Finalizados los 90kms de la primera vuelta de bicicleta decidí parar porque no encontraba sentido a lo que estaba haciendo en aquella competición en concreto y me di cuenta que la medalla no me importaba lo suficiente para hacer todo el esfuerzo que requiere conseguirla. Al igual que Forrest Gump…me paré ¡porque estaba cansada! Pero mi cansancio no era físico sino mental. La saturación “ironmanera” se había apoderado de mí, había absorbido mi energía y motivación por el reto.

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De mi estancia de tres días en Zúrich me llevo muchas cosas buenas: la satisfacción de haber pasado una bonita experiencia compartiendo reto, confesiones y apartamento con Lourdes Torres que ha conseguido su segunda y merecidísima medalla; la compañía, soporte y amistad de Tere Fullana, el debut en distancia IM de Ruben Monmany, el cariño de Javi Inés, el helado con Paco Silva y Amparo, la foto con Iván Herruzo y Lourdes el día previo, el entusiasmo y energía desbordante del “Chiquitín” corriendo medio en pelotas, charlar de nuevo con otros amigos y familiares del Rayoteam, coincidir por primera vez en una competición con Agustí “presi” y colega de mi Club Tricbm, la comida del lunes con Lourdes y Curris, el reencuentro de todos en el aeropuerto con delicioso pastel de chocolate incluido y más…

De mi abandono en competición me llevo una gran lección:

Los retos no deben convertirse en obsesiones, intrusos u obligaciones en nuestras vidas.

El deporte esta para vivirlo y disfrutarlo, pero siempre debería sumar y no restar. Los retos son individuales y aunque los podamos o no compartir, no deberían afectar negativamente a nuestro entorno más próximo.

¿Volveré a enfrentarme a los 226km?

Ahora mismo creo que sí, porque esta distancia y esta forma de vivir me cautivan, me emociona y me sigue pareciendo brutal en muchos sentidos. No sé cuándo ni donde lo voy a repetir pero Calella y Roth están en mi mente desde hace tiempo.

Lo que tengo claro es que si vuelvo a preparar este reto debería ser capaz de entrenar y hacer bien todo el camino requerido sin paralizar otros ámbitos de mi vida y sin convertirlo en una obligación. Porque aunque a algunos nos cuesta creerlo y preferimos no escucharlo…hay más vida más allá del TRI y no hace falta enfrentarse únicamente a la distancia IM para disfrutar de este deporte.

¡Mi abandono en el IM de Zúrich ha sido una dulce y provechosa derrota!

Cristina Casacuberta Thió

Diseñadora de Interiores y Licenciada en Humanidades. Empresaria y administradora en Arc316 Mallas y Cables S.A. Apasionada del triatlón de larga distancia y defensora de este deporte como estilo de vida.

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