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IRONMAN Kona Addiction

Lo reconozco, soy un adicto. Un adicto al IRONMAN. Lo soy desde que lo probé, en 1993. Desde entonces estoy enganchado. Ese día del mes de Julio en Roth, vi que eso sería lo que quería hacer el resto de mi vida. Ese día tuve una revelación interior, y esa iba a ser mi vida desde entonces. Porque el IRONMAN no es un deporte, es un estilo de vida.

Antes de clasificarme por primera vez en 2004, mi vida se reducía a entrenar y competir todo lo que podía, sin más intención que pasarlo bien y mejorar todo lo posible. Es decir, lo normal. Bueno, lo normal para mi: mis amigos eran mis compañeros de entreno, y mi trabajo y vida familiar estaba siempre condicionada al IRONMAN. Por suerte, Mònica ya me conoció así y nunca en 20 años ha puesto ningún inconveniente a entrenos ni carreras. Es decir, una SANTA.

Que un estilo de vida sea adictivo, tiene -como todo- cosas buenas y malas. Para mí, todas eran buenas hasta que tuve mi segunda revelación: IRONMAN HAWAII.

Paradojas de la vida, nunca le había prestado demasiada atención a Kona, no me parecía ni atractiva ni tampoco veía ningún motivo para ir, pensa que era una carrera más, mucho más lejos y además, cara. Pero en 2004 y después de clasificarme en Roth, decidí probar. Y como con todas las drogas, es mejor no probarlas :-) Si para muchos el IRONMAN es una droga, el IRONMAN de Hawaii es la droga más dura para un triatleta.

Entrenas por ahí junto a las grandes estrellas que me habían fascinado durante años, y solo piensas: ¡Joder, estoy aquí!

Desde el momento en que aterrizas en el pequeño aeropuerto de Kailua-Kona, recibes una bofetada en forma de calor y humedad que hasta que no la vives, es difícil de explicar. La isla, de entrada no es lo que me esperaba, hasta que poco a poco vas captando su esencia, su ritmo, sus mil paisajes y una naturaleza desbordante.

Los días previos vives en primera persona lo que yo había visto en vídeos (VHS, por cierto) miles y miles de veces, y no exagero si digo que aprendí a hablar inglés viendo esos videos. Reconoces todos y cada uno de los puntos por los que discurre la carrera. Entrenas por ahí junto con las grandes estrellas que me habían fascinado durante años, y solo piensas: ¡Joder, estoy aquí! Era emoción tras emoción, tenia claro todo lo que quería hacer: nadar en el pier, rodar en la Queen K , correr por Alii Drive….

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El día de la carrera, la emoción sigue en aumento desde el primer momento. Toda la infraestructura de la organización es como cualquier IRONMAN pero multiplicada por 10. Codearte con los mejores triatletas del mundo, ahí todos juntos, en las cálidas aguas del Pacífico…buff…hasta que el cañonazo de salida te hace volver a la realidad y empieza todo. A partir de ahí, apretar los dientes, sufrir en la bici por el calor, viento, humedad, más calor, más viento, más humedad… Hubo un momento ese año en que el aire casi me tira de la bici, agonizas pero estas ahí…

En la maratón -ya prácticamente sin fuerzas- sigues recorriendo zonas que tu mente reconoce fácilmente (por lo de los videos, claro) Alii Drive, la subida a Palani, la Queen K, el Natural Energy Lab… Pero el calor que irradia la tierra volcánica desde debajo de tus pies es como si la lava discurriera por el manto terrestre, a todo ello tienes que sumarle el calor del sol…todo ello hace que te vayas consumiendo (en realidad tostando y cociendo vivo) pero no importa, porque estoy ahí. No puedo más, pero sigo contento. Acabo como puedo, y mi primer pensamiento, después de la agonía es que ahí no vuelvo. El segundo pensamiento, prácticamente unos minutos después es que si que vuelvo,  lo antes posible. He cometido muchos errores que voy a corregir. O al menos, eso creo.

A mi me gusta mucho entrenar, y entrenar mucho, y competir todo lo que pueda, con lo que habitualmente llego a Kona cansado.

En 2007 vuelvo al IRONMAN de Hawaii. Tuve la suerte de  clasificarme el año anterior, con lo que (pensaba) podría entrenar tranquilamente todo el año y prepararlo bien. Gran error por mi parte. A mi me gusta mucho entrenar, y entrenar mucho, y competir todo lo que pueda, con lo que habitualmente llego a Kona cansado como siempre, pero contento de volver a estar ahí.

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Las sensaciones en carrera son bastante similares a las de 2004, y en la maratón ya desde el principio, vienen a mi mente pensamientos negativos, recuerdo el momento en el 2004 que dije que ahí no volvía y pensé: ¡Joder, otra vez agonizando, y aquí de nuevo! Se me hace muy muy difícil acabar, pero en Kona no se abandona bajo ningún concepto. En meta, una vez más me digo que ese es el último, pero al día siguiente ya estoy haciendo planes para el próximo. Es ahí donde empiezo a pensar que estoy enganchado. Quiero hacer otro IRONMAN pero sobretodo, quiero volver a Hawaii.

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En 2013 y 2014 me clasifico sin demasiados problemas. El viaje a Hawaii cada vez me gusta más, pero la carrera cada vez me gusta menos. Creo que no es mi carrera, se me hace muchísimo más dura que cualquier otra carrera.

La droga del IRONMAN de Hawaii está muy asentada en mi mente y no me la puedo quitar de la cabeza.

Pasado el tiempo, sigo dándole vueltas y más vueltas al por qué de mi bajo rendimiento en Kona (comparado con otros IRONMAN). Creo que hay una parte muy importante que es el cambio horario de 12h. También que es a final de temporada y llego muy cansado, o quizá también las condiciones climatológicas. ¿Quizás todo ello? La realidad es que en esos dos años no soy capaz de pasarlo bien en ningún momento.

Me noto débil desde el principio. En todo momento estoy pensando en que ese es el último, que ahí no vuelvo. Pero cada año, al día siguiente ya he cambiado de opinión. La droga del IRONMAN de Hawaii está muy asentada en mi mente y  no me la puedo quitar de la cabeza. Esa droga está ahí todo el año, en todo momento solo pienso en clasificarme para volver. Lo intento en 3 o 4 IRONMAN sin éxito, y por fin, en Zúrich 2015 lo vuelvo a conseguir.

Siempre llegaba pensando que tenia una buena carrera en mis piernas, pero esa buena carrera no llega nunca. Intento corregir algunos errores, sin éxito, siempre acabo cayendo, y siempre quiero volver. Soy un adicto.

En 2015, tengo ya claro que no voy a hacer una buena carrera. Para llegar ahí he pasado por Frankfurt, Zúrich, Barcelona, Cozumel, Sudáfrica y Zúrich de nuevo (en  menos de 2 años). Algunas buenas carreras y otras no tanto. Carreras que hago sin disfrutar, solo pensando en la dichosa clasificación.

Es una obsesión. Quiero conseguir mi 5º IRONMAN Kona y no pararé hasta conseguirlo. Pero una vez ahí, mi cuerpo está cansado, y mi cabeza más. Sé de antemano que la carrera no va a ir bien, pero no me importa, he entrenado mucho y lo que busco es disfrutar por última vez de IRONMAN Kona. Pero es una carrera tan dura, tan exigente física y mentalmente, ¡que ni así!. Voy toda la carrera sin forzar demasiado, intentando disfrutar. Pero no. La agonía se repite una vez más. Pero no me importa, ya tengo mi 5º FINISHER IRONMAN KONA, en mayúsculas.

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Aquí se acaba. No quiero volver.

En 2016 volveré a disfrutar de todos los triatlones de corta y media distancia que pueda. Volver a disfrutar de los entrenamientos, he eliminado de mi cabeza el IRONMAN de Hawaii. Vuelvo a dormir tranquilo después de muchos años. Me he desenganchado. No quiero volver a caer. De momento…
 

Guillermo Llado Garriga

Director de Erclan Team-Argon18 España. Triatleta desde 1988. Entre 300 y 400 triatlones disputados. Cualquier distancia es bien llevada por Guillermo. 5 IM Kona. Casado con Monica y padre de Viviana, Wila & Vilma.

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