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Impacto del Deporte de Larga Distancia en la Salud (II)

Siguiendo con el artículo anterior en relación al impacto del deporte de Larga Distancia en la Salud, podemos afirmar que no todo es negativo como podemos ver a continuación.

¿Tan mala es la larga distancia?

No. La larga distancia tiene también muchos beneficios, sobre todo a nivel mental y psicológico. El deporte es el mejor agente antidepresivo y euforizante que existe. Mientras entrenamos, por un lado estamos concentrados en la actividad y nos olvidamos de los problemas de la vida diaria, y por otro lado, el organismo libera grandes cantidades de sustancias químicas endógenas (endorfinas y demás) que nos proporcionan placer, euforia y bien estar.

¿Por qué nos atrae y nos “engancha” tanto la larga distancia?

Esta desconexión mental de los problemas mientras entrenamos o competimos y las endorfinas y sustancias químicas liberadas por el organismo, producen dependencia mental y física. Es por esto que el deporte constituye una droga cuando se practica a estos niveles. Ésta, es un arma de doble filo, el beneficio psicológico se puede convertir en una adicción si no lo gestionamos adecuadamente.

Todos los apasionados del deporte de larga distancia estaréis de acuerdo conmigo en que no la practicamos para “mantenernos en forma” o  “mejorar nuestro estado de salud”, que es el objetivo y motivación principal de la práctica deportiva de la población general. En nuestro caso, quizás sí que cuando empezamos a hacer deporte, lo hicimos con esta motivación y como una forma sana de entretenernos en nuestro tiempo libre pero, con el tiempo y las horas de entrenamiento por todo lo citado anteriormente, “nos enganchamos”; cada vez le dedicamos más tiempo porque estamos más entrenados y necesitamos más, lo que genera más endorfinas, más placer y más “enganche”. Así se crea un círculo más o menos “vicioso” según el caso.

Esta conducta se va reforzando cada vez que conseguimos ser Finishers en una competición, la satisfacción propia y las felicitaciones y elogios de amigos y familiares por haber finalizado una prueba de semejante dureza nos hace pensar en lo valientes y fuertes que somos, nos levanta la autoestima, a la vez que nos hace olvidar las malas sensaciones vividas, tanto durante el tiempo de entrenamiento como durante la misma carrera antes de cruzar la meta.

Todos hemos declarado alguna vez JAMÁS volvernos a inscribir a un IRONMAN cuando estamos cansados de tanto entrenar o durante la competición, o mientras estamos sufriendo en el maratón…pero al día siguiente de habernos colgado la medallita nos olvidamos de nuestra declaración y ya estamos apuntándonos a otra competición de la misma o mayor dureza.

Existe una línea muy fina que separa el “enganche” o adicción sana, de la enfermiza, y cada uno ha de saber analizar en qué lugar está. El hecho de anteponer siempre y de forma persistente el deporte y todo lo relacionado con él, al resto de aspectos de nuestra vida es un signo claro de que estamos ante una adicción enfermiza o insana al deporte.

Ante todos estos potenciales efectos perjudiciales de la larga distancia…¿Qué hacemos los apasionados de esta distancia?

Aparte de profesional de la salud, yo soy una apasionada de la larga distancia y lo seguiré siendo. Así pues, con este artículo no pretendo censurarla, eliminarla ni hacer que los apasionados a la larga distancia se desanimen. Simplemente es una invitación a aprender, conocer  y reflexionar sobre una modalidad que es cada vez más frecuente y no está exenta de riesgos.

Antes de nada, deberíamos pensar en los siguientes puntos:

  1. Ser conscientes que para la mayoría de nosotros (a los que va dirigido este artículo), no somos profesionales del deporte sino aficionados, por lo tanto, el deporte es un mero pasatiempo y no nuestra vida.
  2. SABER, CONOCER Y SER CONSCIENTES de los potenciales riesgos a los que nos exponemos, ya que esto no nos lo explican en los medios de comunicación del ámbito, en los clubs de triatlón o running, las distintas federaciones ni los organizadores de eventos.
  3. Una vez conocemos los pros y contras, debemos REFLEXIONAR si realmente la larga distancia nos apasiona lo suficiente como para sacrificar tanto y justificar los riesgos a los que nos somete. Debemos preguntarnos si realmente nos gusta tanto que el esfuerzo y los riesgos quedan compensados, o si lo hacemos arrastrados por la corriente, un entorno altamente manipulador, seductor y atractivo.
  4. Otro factor importantísimo a tener en cuenta es el factor tiempo. El día tiene 24 horas, no somos deportistas profesionales, tenemos una vida con unas obligaciones laborales y familiares. Seamos razonables ¿Tenemos el tiempo suficiente para dedicarle a la larga distancia -independientemente del deporte que sea-, que requiere muchas horas de entrenamiento, sin olvidar o desatender al resto de nuestras obligaciones?

Mis consejos para seguir practicando la larga distancia, sobrevivir a ella y minimizar sus potenciales efectos perjudiciales 

Si después de conocer los pros y contras y reflexionar, concluimos que queremos seguir adelante, aquí van unos consejos para sobrevivir en la larga distancia de la mejor manera posible, que son el resultado de combinar mis conocimientos en medicina y salud con mi experiencia como apasionada de este deporte.

  • La larga distancia debería ser el resultado o paso final de una larga y lenta progresión en el mundo del deporte, es decir, empezar después de muchos años de hacer deporte. El organismo no está preparado para afrontar semejantes volúmenes de ejercicio de repente y necesita un tiempo de adaptación, más o menos largo en función del nivel del que partimos. No bastan días, semanas, meses ni tan siquiera un año si partimos de cero. Es muy frecuente ver personas que nunca han practicado deporte de forma regular y a los 30 o 40 años, deciden hacer un IRONMAN, sin haber realizado triatlones de corta o media distancia. No diré que no sea posible, muchos lo han hecho y han completado el IRONMAN con éxito, es factible pero NO ES SALUDABLE y constituye una agresión a un organismo que no está preparado para asimilar semejante carga de entrenamientos. En mi caso, os diré que practico deporte de forma regular desde la adolescencia, realicé mi primer IRONMAN después de más de 4 años haciendo corta y media distancia. Como en otras esferas de nuestra vida, no se deben quemar etapas antes de tiempo ni empezar a construir la casa por el tejado. Sin prisa pero sin pausa.
  • Ponerse en manos de un profesional del deporte que nos diseñe un plan de entrenamiento adaptado a nuestro punto de partida y al objetivo al que queremos llegar.  En cuanto al entrenador, NO hay que elegir al que nos cae mejor, al más guapo o al más fuerte. Entre muchos criterios, el mejor es aquel entrenador que tiene una tasa más baja de lesionados entre sus alumnos y en su persona. En mi opinión personal, no es tan importante las marcas de sus alumnos sino el estado de salud de estos.
  • Deberíamos realizarnos una revisión médica inicial que incluya visita médica, electrocardiograma, ecocardiografía y prueba de esfuerzo y repetirla, según el caso y las recomendaciones de los facultativos, cada cierto tiempo. A menudo escucho la excusa de que “es muy caro hacerse una prueba de esfuerzo”. Es lamentable que nos gastemos la mitad de nuestro salario en material e inscripciones a las competiciones y luego no podamos asumir un gasto de 200 míseros euros en una revisión médica.
  • Escuchar a nuestro cuerpo y descansar siempre que lo necesitemos. Si estamos cansados y no rendimos, parar y no salir a entrenar. Por parar unos días y saltarse algunos entrenamientos, no bajará nuestro rendimiento global y si nos puede evitar un sobre-entrenamiento o una lesión.
  • Saber abandonar en una competición cuando el organismo llega a su límite. Es difícil establecer unos criterios de abandonamiento en un tema tan subjetivo pero, todos aquellos síntomas persistentes que no sean meramente derivados de la sobrecarga muscular global o cansancio general, deberían ser motivo de abandono y buscar atención médica. Por ejemplo, un dolor agudo concreto en algún punto que nos incapacite aunque sea parcialmente (acabar un maratón cojeando no es una buena idea), náuseas, vómitos y problemas digestivos, mareo, dolor de cabeza. En este punto el sentido común y la prudencia son básicos.
  • Hidratarse y alimentarse adecuadamente durante los entrenamientos y las competiciones.
  • Después de una competición, hay que descansar, el tiempo es variable según el atleta.
  • No debemos pasarnos en el número y frecuencia de las competiciones. Hay que estar completamente recuperado de una competición antes de presentarnos a la siguiente.
  • Siempre tener presente que no somos profesionales del deporte. El triatlón/running no debe ser nuestra prioridad en la vida, solo es una afición. Tenemos familia, amigos y un trabajo, a los que no deberíamos desatender debido al deporte.
  • El deporte en general es salud y todo el mundo debería de practicarlo en dosis bajas y/o moderadas. No obstante, está claro que el deporte a dosis altas o de ultrafondo no está hecho para todo el mundo.

Si después de leer este artículo, quieres empezar o seguir en el mundo de la larga distancia, ¡ADELANTE! ¡SALUD Y KILÓMETROS! Pero con cabeza, corazón y piernas, en este orden, ya que en este caso el orden de los factores si altera el producto. :-)
 

María Puig Cid

María es Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Barcelona y se especializó en Cardiología. En la actualidad combina su profesión de Cardióloga adjunta en el Hospital Sant Joan Despí Moisés Broggi con su pasión por el deporte de larga distancia.

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