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Trekking a la luz de la luna

El monte se puede disfrutar de muchas maneras: i) corriendo y con el corazón en la boca, ii) con niños y paseando a su ritmo –que no caminando- mientras uno se para a recoger una flor o contar una historia maravillosa para que no decaiga la motivación, iii) escalando, iv) lo que antiguamente se llamaba “ir de excursión” pero que ahora y con la adopción de tanta terminología anglosajona llamamos ir de trekking…y muchas otras variantes que a más de uno ahora mismo se le deberán estar pasando por la mente.

Todas ellas, sin contar con la multitud de alternativas posibles que se nos abren en temporada invernal, todo un lujo para aquellos intrépidos a los que no les acongoja el frío y les apasiona la nieve y/o el hielo.

Estaremos todos de acuerdo en que todas son, en cualquier formato y compañía, excelentes opciones donde disfrutar del aire puro, la naturaleza, y la desconexión.

Si bien es cierto que he tenido la oportunidad de practicar la mayoría de ellas, en los últimos años me he decantado con cierta asiduidad por una “variante” que descubrí hace algún tiempo, y se trata concretamente de disfrutar de la montaña a la luz de la luna llena. Ascender un pico (indistintamente de su altura) bajo la luz de la luna llena es una experiencia única y diferente, casi rozando lo místico y por qué no decir, lo mágico.

Por mucho que conozcas esa montaña o ascensión, caminar sin necesidad de iluminar el sendero con un frontal gracias a la luz que desprende la misma luna, es algo especial. Una experiencia en la que agudizarás todos los  sentidos para disfrutar del monte en un formato como no lo has hecho hasta ahora. Los olores toman otra fuerza, al igual que los oídos, capaces de sintonizar con el caminar de los rebecos o la brisa nocturna de manera natural como no haríamos en otras circustancias.

Caminando bajo la luz de la luna uno se siente todavía más minúsculo ante tanta inmensidad. La dificultad en la ascensión se queda reducida por la propia experiencia y contexto, y el coronar de la cima toma otro simbolismo, todavía más lleno de aventura, todo ello enmarcado en una experiencia incomparable.

En este tipo de salidas, hay dos factores que enriquecen la experiencia, y estos son:

  1. Los compañeros de viaje. Estos hacen que la experiencia outdoor tome todavía más relevancia, relegando el protagonismo habitual de la ascensión a la experiencia en sí, la convivencia y el sentido de equipo.
  2. El acercamiento de los animales. A menudo, y debido a la excelente visibilidad nocturna de los animales salvajes y a su vez, a la debilidad visual humana, estos aprovechan para acercarse y observar más de cerca a los intrusos que invaden sus montañas y rompen el silencio de la noche con risas y conversaciones. Si tienes la suerte de que te ocurra, la experiencia será el triple de gratificante.

Como ya es sabido -pero vale la pena recordar-, nunca debemos subestimar a la montaña e incurrir en riesgos innecesarios, es por ello que a continuación apunto algunas recomendaciones antes de lanzarse a esta variante de trekking:

  • Es importante elegir lugares ya previamente conocidos y asequibles. Hay que pensar que los tiempos variarán en comparación con la práctica diurna.
  • Como siempre, consultar la previsión del tiempo antes de aventurarse a esta o cualquier otra práctica montañera.
  • Fundamental ir bien equipados ya que por la noche las temperaturas suelen bajar de manera importante hasta llegar a alcanzar -en función de si es alta o media montaña- temperaturas invernales.
  • Importante llevar el track cargado en el GPS para evitar cualquier posible alteración del camino.
  • Como siempre, deberemos provisionarnos de bebida y algo de comida.
  • No es recomendable ir solo, acompañado será más divertido y más seguro.
  • Es una práctica ideal en meses de verano cuando la luna está más baja. ¡Cuidado! No confundir con el tamaño, cuando está más baja parece más grande pero no es así.
  • Si bien el frontal no será necesario durante la ascensión, es obvio que como medida de seguridad, puede llegar a ser de gran ayuda.

Bajo mi punto de vista, el primer punto es fundamental, simplemente por la “garantía” de pisar camino conocido y evitar algo muy común incluso de día, la desorientación; es por ello que yo siempre suelo elegir el Puigmal (desde la vertiente francesa de Err), un pico que durante muchos años fue mi “jardín de entrenamiento” y al que le tengo especial cariño. Su ascensión, exigente pero a la vez gratificante, harán que el montañero se sienta altamente satisfecho al alcanzar su cima.
 

Albert Zorrilla "Foxy"

Amante incondicional del deporte al aire libre y entusiasta del uso y disfrute de todo tipo de gadgets deportivos. Ferviente defensor de la comida sana y natural como estilo de vida. Albert es Editor-in-Chief de The Next Race y Finisher de MdS, UTMB, IRONMAN...

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